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El divorcio: de la España lógica a la España nuestra de cada día.

Publicado en Destino, nº 1955, marzo de 1975

La semana pasada nuestro compañero Josep C. Vergés, en un articulo que titulaba «El divorcio en la penumbra», citaba algunos datos de una encuesta que ha realizado recientemente el Instituto ECO, Centro de Investigaciones y Mercados, S. A., sobre el tema del divorcio en España. Creemos que vale la pena hacer un repaso detallado de los datos de esta encuesta para profundizar en algunas peculiaridades de la postura de los españoles ante el divorcio y también ante unas preguntas sobre un tema considerado todavía tabú en esta España reserva espiritual de Occidente y superado en casi todos los países europeos.

La encuesta se pasó a tres mil es pañoles, distribuidos en 144 puntos de muestreo, desde ciudades de más de 200 habitantes hasta las grandes urbes, de la península y Baleares. El 49 % de los encuestados son mujeres y el 51 % hombres. Todos los que fueron interrogados contestaron. Es, pues, una muestra bastante representativa. Los que han realizado el trabajo calculan un error de un 2%.

Interés y conocimiento del tema

A fin de detectar el interés que actualmente suscita el tema del divorcio, se les preguntó a los encuesta dos si sabían que en Italia se había celebrado un referéndum y si cono cían el resultado. En términos genera les, el 70 % sabía que se había celebrado el referéndum y el 61 % su resultado positivo. Los mejor informa dos son los habitantes de las ciudades de más de 200.000 habitantes y los pertenecientes a las clases alta y media alta, aunque es interesante resaltar que también estaban enterados del referéndum el 59 o de los habitantes de ciudades de más de 2.000 habitantes y el 52 % de los encuestados pertenecientes a la clase baja. Es decir, el tema habla despertado interés y la gente estaba mayoritariamente informada.

Las respuestas a la pregunta: ¿Sabe usted si en España ha existido alguna vez el divorcio? son sumamente reveladoras de la falta de conocimiento o del erróneo conocimiento de la mayoría de los españoles sobre la historia más reciente de nuestro país. El 87 % cree que en España no ha existido nunca el divorcio, el 2 % no lo saben y sólo un 11 % -que se eleva a un 16 % en las ciudades de más de 50.000 habitantes- sabe que sí ha existido el divorcio en España. De estos enterados, un 80 % señala que antes de la guerra, un 6 % que durante la guerra y un 1 % que después de la guerra, mientras que un 16 % no sabe cuándo. La clase alta es la más informada -el 53 % conoce que hubo divorcio en España en épocas anteriores-, aunque lo más curioso es que sólo recuerdan esta institución el 18 % de los mayores de 55 años y el 17 % de los encuestados comprendidos entre los 35 y los 54 años de edad; es decir, que muchos han conseguido olvidar la historia que vivieron.

A partir de aquí la encuesta plantea una serie de preguntas a tres niveles: desde el plano general de lo que la gente piensa sobre el tema, al intermedio de lo que opinan sobre el divorcio en España, y el más concreto de lo que el encuestado haría tanto ante la alternativa de divorciarse él o algún allegado como si tuviera que emitir su voto en un referéndum sobre el divorcio.

Lo que el español considera lógico

El 63 % de los encuestados -el 66 % en las ciudades de más de 50.000 habitantes- cree que lo mejor que puede hacer un matrimonio que no se entiende es separarse; el 21 % dice que depende de las circunstancias, y sólo un 15 % -el 11 % en las ciudades de más de 50.000 habitantes- considera que debe seguir unido a pesar de todo. El hecho de que, de los partidarios del divorcio, el 82 % opinan que la pareja mal avenida debe separarse según fórmulas y sólo un 13 % esté de acuerdo con una separación sin más, demuestra que los españoles que admiten el divorcio se mantienen dentro de unas coordenadas digamos civilizadas.

Respecto a la fórmula que les parece más adecuada, si la de la separación o el divorcio, el 62 % considera mejor la fórmula que impera en los países europeos -porcentaje que sube al 70 % en las ciudades mayores-. Los hombres y los menores de 34 años son más partidarios del divorcio, mientras que los más conservadores son las mujeres y los mayores de 55 años.

Las razones por las que están a favor del divorcio -los que están- son: 1º., permite rehacer la vida 63 %); 2º., representa una forma de libertad (23 %); 3º., mejora el ambiente de los hijos (también un 23 %); este último motivo importa, sobre todo, a las mujeres casadas y a los encuestados comprendidos entre los 34 y los 54 años de edad.

Los que se oponen al divorcio señalan los siguientes motivos: 1º. Es nocivo para los hijos (55 %); 2º. Va contra el sacramento del matrimonio (37 %); 3º. Va contra las ideas religiosas (31 %); 4º. Incita al libertinaje (14 %), y 5º. Va contra la norma social (9 %) (Los encuestados podían señalar uno o más motivos, por lo que los porcentajes superan el 100 %)

Pero vivimos en España

Ante la pregunta: ¿Piensa usted que en España deberla existir el divorcio, o le parece mejor la situación actual?, el 58 % contesta que considera mejor la situación actual y sólo el 35 % se atreve a contestar que preferiría que existiera el divorcio. Estas respuestas, comparadas con las anteriores, demuestran el temor de los encuestados a mostrarse disconformes con la situación actual, temor que disminuye en las ciudades más grandes (49 % en favor de la situación actual y 47 % en favor del divorcio), entre la gente más joven (48% piensa que sería mejor el divorcio) y entre las clases más altas.

Junto a estos temores, la esperanza: el 64 % de los encuestados (70 % en las ciudades más grandes) piensa que algún día se institucionalizará el divorcio en España. La esperanza es también mayor entre los más jóvenes (74 %) y entre la clase alta (80 %) y media alta (77 %).

¿En qué se basan para pensar que el divorcio no existirá nunca en España? Sólo un 14 % lo achaca a la situación política, mientras que la mayoría, el 65 %, opina que se debe a la tradición religiosa. Otros motivos: el 30 % señala que no va con el carácter español y un 14 % lo atribuye a nuestro bajo nivel cultural.

El problema en la propia familia

Supongamos que un matrimonio de sea, de común acuerdo, divorciarse. Aprobaría ese divorcio en el caso de que uno, de los cónyuges fuera su padre o madre, su hijo, hija, hermano, hermana o unos amigos?

Ante esta pregunta el español se muestra más liberal con los de fuera de su familia -el 44 % aceptaría el divorcio de unos amigos- y menos con sus propios padres -sólo lo aceptarían un 38 %-mientras que con los hijos y hermanos, sin distinción de sexos, se manifiestan en una postura intermedia -lo aceptaría el 41 %-. Como en las preguntas anteriores, los jóvenes y los habitantes de las ciudades de más de 50.000 habitantes se muestran más abiertos, aunque dentro de la misma tónica: más conservadores con sus padres, menos con sus amigos.

Si en España hubiera un referéndum, ¿piensa usted que la gente votaría a favor o en contra del divorcio? Y usted, ¿qué votaría?

En general los encuestados muestran un cierto pesimismo sobre cuál sería la reacción de sus conciudadanos: un 50 % piensa que votarían en contra, un 30 % que a favor y un 20 % no sabe a qué resultados se podría llegar. Sin embargo, ellos votarían a favor del divorcio un 35 % y en contra el 58 %. Estos porcentajes varían según el tipo de ciudad en que viven y el sexo. Los hombres son más partidarios de votar a favor del divorcio (51 %) que las mujeres (el 40%), aunque las mayores defensoras de la instauración de esta institución son las mujeres solteras: votarían a favor el 53 %. También la edad marca diferencias: sólo apoyarían el divorcio en un referéndum el 29 % de los mayores de 55 años, lo cual contrasta notablemente con el 61 % de los menores de 34 años.

Algunas conclusiones

Es incuestionable que el tema del divorcio interesa y que además la gente está atenta a lo que sucede allende nuestras fronteras, pues la mayoría conoce el referéndum italiano y los resultados del mismo. Las variaciones dependen del nivel cultural y de la exposición de los encuestados a los medios de comunicación de masas.

Lo más interesante es detectar las distintas posturas que se manifiestan cuando los encuestados abordan el tema en general o cuando se refieren a la situación española y a su propia familia. Mientras el 63 % piensa que lo mejor que puede hacer un matrimonio que no se entiende es separarse y consideran que la fórmula más adecuada es el divorcio (el 62 % de los encuestados), cuando se les pregunta por la situación actual el 58 % responde que ya estamos bien con nuestra no-solución y sólo un 35 % se atreve a confesar que consideraría mejor que existiera el divorcio. Curiosamente, estos mismos porcentajes se repiten cuando se les plantea la cuestión de una forma directa: ¿Usted qué votaría?

Contrasta también la postura esperanzada ante el futuro -el 64 % piensa que algún día existirá el divorcio en España- y el pesimismo ante la situación actual -consideran que el 50 % votarían en contra- en parte fundamentado por el desconocimiento de lo que opina el resto de con ciudadanos sobre temas clave -un 20 % confiesa que no tiene ni idea de lo que votaría la gente.

También es interesante analizar el desconocimiento de nuestra historia más reciente con los motivos que los encuestados aducen para pensar que nunca existirá el divorcio en España. El 87 % desconoce que en España haya existido el divorcio -y recordemos especialmente a los que han olvidado la historia que vivieron- y los que creen que no existirá nunca lo achacan mayoritariamente a la tradición religiosa. Esto pone en evidencia, en primer lugar, que no distinguen entre el matrimonio civil y el canónico -cosa lógica dada la legislación actual sobre el tema-, que el divorcio en los países en que está instaurado tiene efectos civiles, ya que la Iglesia, teóricamente, no lo admite; y que, sin embargo, en la España actual, en la         que se presume que todos somos católicos y pueden casarse por lo civil sólo quienes demuestren lo contrario, es más fácil conseguir la disolución del vínculo matrimonial -es decir, el divorcio- si uno está casado canónicamente que si sólo ha pasado por el juzgado.

Finalmente, un repaso a las respuestas que hacen referencia a cuál sería la postura concreta de los encuestados especialmente ante un referéndum, pone en evidencia la gran disociación entre lo que el español considera lógico y lo que, en las circunstancias actuales, está dispuesto a confesar que piensa o que haría; la gran distancia entre la España lógica y la España nuestra de cada día.

Amparo Moreno

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