1.1. Carácter histórico de los medios de comunicación

Si algún diagnóstico podernos hacer de los medios de comunicación, sin temor a equivocarnos, es su constante transformación. Aún no hemos entrado en contacto con la última innovación, nos enterarnos de que ha aparecido otra que la modifica y que nos hace pensar que aquella ya es historia. Y esta sensación se acentúa cuando pensamos en los medios de comunicación que formaron parte de nuestra infancia, no importa lo próxima o lejana que esté.

Esta incesante transformación de los medios exige estudiarlos desde una perspectiva histórica, so pena de que los análisis queden rápida mente tan obsoletos como la tecnología.

Ciertamente, como todas las actividades humanas, al igual que todos los productos de la actividad humana, los medios de comunicación son históricos. Y uno de los fenómenos más característicos del mundo con temporáneo. Tanto si los consideramos como instituciones sociales, como por su tecnología y por su papel como mediums de reproducción simbólica de la realidad, los medios de comunicación no pueden disociarse de la historia contemporánea: constituyen el sistema neurálgico que articula las relaciones sociales.

Por tanto, si queremos comprender nuestra sociedad, hemos de tener en cuenta el papel de los medios de comunicación y considerar su carácter histórico en varios sentidos.

En primer lugar, porque cambian constantemente: cambia su técnica, cambia su organización interna y sus relaciones con la sociedad, y también se modifican sus formas de expresión.

Además, porque hablan de la historia, de la realidad social que vivimos o que vivieron las generaciones que nos precedieron: día a día, registran la memoria colectiva.

Y porque al registrar la actualidad de cada momento, se basan en la memoria colectiva de muy larga o más reciente duración: utilizan códigos simbólicos que han sido elaborados por generaciones muy anteriores a las que nos son próximas.

En fin, tanto por las prácticas profesionales, económicas y políticas de las que dependen, como por las posibilidades técnicas y los recursos simbólicos que utilizan para elaborarlos, por sus contenidos y por su constante adaptación a una sociedad dinámica, los medios de comunicación tienen un carácter histórico. En consecuencia, su estudio exige un enfoque histórico.

Precisamente, muchas de las insuficiencias que advertimos a menudo en las investigaciones y las reflexiones sobre medios de comunicación, la cultura de masas, la sociedad de la información se derivan de no tomar en consideración este carácter histórico: de examinar los me dios de forma ahistórica.

Pero comprender históricamente los medios de comunicación no quiere decir, simplemente, situarlos en un orden cronológico en el que se intercalan innovaciones técnicas, acontecimientos políticos y algún hito institucional o social. Las cronologías proporcionan datos de interés, y hay que leerlas sabiendo que suelen llamar la atención sobre la implantación de los medios de comunicación como instituciones públicas, y que existen distancias mayores o menores entre las fechas que reseñan y los momentos en que se introducen los medios en las prácticas cotidianas de los distintos colectivos sociales.

Tampoco basta con aderezar estas cronologías con cierta ambientación del contexto histórico, entendido como unos cuantos acontecimientos políticos y económicos. Esta visión, hecha como de fragmentos estáticos de decorados predefinidos, olvida que los medios de comunicación cambian en estrecha relación con la sociedad, y que la comprensión histórica requiere un enfoque global y dinámico de los fenómenos sociales cuya distinción se da con nitidez en el análisis, pero no en la realidad.

El conocimiento histórico de los medios de comunicación requiere, por tanto, tener en cuenta varios aspectos:

a) Sus constantes variaciones a la vez que sus permanencias, en las técnicas y los recursos simbólicos que utilizan para dar cuenta de la realidad social.

b) Su interrelación con otros aspectos concretos de la realidad social (relaciones sociales, formas de sensibilidad y conocimiento, economía, política, tecnología...) al mismo tiempo que con la globalidad de la existencia humana, personal y colectiva, privada y pública, sentida y razonada, empírica y teórica...

e) En tanto que institución, su inserción y sus vínculos con una vida social también histórica, cambiante y a la vez permanente: en la organización política, en las actividades económicas, en las formas de transmisión cultural entre las generaciones...

d) Sus aportaciones al conocimiento histórico, en la medida en que los medios de comunicación registran la memoria cotidiana y reproducen la memoria personal y colectiva de corta, media y larga duración.

De ahí que las relaciones que podemos vislumbrar entre la historia y los medios de comunicación sean muy diversas. Por eso hablamos de historia Y medios de comunicación, expresión que nos permite referir nos tanto al conocimiento histórico DE los medios, como al conocimiento histórico CON, gracias a los medios de comunicación.

En las próximas páginas nos centramos en uno de estos medios de comunicación: la prensa.