1.3. Visualizar lo invisible

Este enfoque más restringido de la mirada académica constituye la principal dificultad con que tropezamos cuando nos proponemos conocer el proceso histórico de implantación de los medios de comunicación que ha desembocado, tras una larga centuria, en la que se define como sociedad de la información.

Ciertamente, si revisamos con atención obras diversas de historia contemporánea, podemos advertir la escasa atención que en ellos se presta a los medios de comunicación de masas. Y. en el caso de que se mencionen, se habla de aquellos periódicos y aquellas informaciones que tratan preferentemente de personajes y actividades homólogos a los que los historiadores han definido como protagonistas de la historia y hechos históricos. Además, si se aportan datos sobre estos periódicos, a menudo se reducen a los que los identifican como instituciones que intervienen en la vida pública, y a las relaciones que mantienen con otras instituciones, sea en el terreno jurídico (reglamentaciones de prensa...), en el político (alianzas o enfrentamientos políticos...) o en el financiero (vínculos, apoyos o dificultades económicas...).

Este limitado tratamiento de la prensa como fenómeno social, toda vía más íntimo en el caso de otros medios como la radio o la televisión (el cine merece cierto respeto aquello del séptimo arte), concuerda con esa mirada académica que deja en la penumbra el amplio territorio de las prácticas cotidianas y sentimentales, cubierto por los medios de comunicación de masas, y repercute decisivamente en las investigaciones de historia DE la prensa.

Así, la mayoría de estudios históricos sobre la prensa se centran en ese tipo de periódicos a los que se define de información general, mientras que muchas otras publicaciones, las que llegan a la mayoría de lectores, las más genuinamente masivas, permanecen en el olvido o merecen muy escasa atención, menosprecio que repercute incluso en la mala o nula conservación de sus ejemplares en las hemerotecas.

Este enfoque afecta, también, al estudio de la historia CON la prensa, es decir, a la utilización de la prensa como fuente documental para el conocimiento de la historia contemporánea: afecta a los periódicos y a las informaciones que se extraen de ellos.., así como a los periódicos y las informaciones que se menosprecia y considera carentes de valor documental.

Notemos, pues, la estrecha relación que existe entre los personajes a los que se considera protagonistas de la historia, y las fuentes que se seleccionan para elaborar la explicación: la diversidad de mujeres y hombres que transitan por los periódicos con mayores índices de lectura, son excluidos de los textos de los historiadores, en el mejor de los casos definidos corno sujetos pacientes o relegados al papel de víctimas; mientras que esa minoría de personajes que pueblan los mal llamados periódicos de información general, homologados con el arquetipo viril, son identificados como protagonistas de la historia, ensalzados como sujetos agentes de la vida social y... ¡sólo en casos extraordinarios presentados como verdugos!

Por tanto, los medios de comunicación de masas, en la medida en que hacen visibles esos otros protagonistas de la vida social, hoy invisibles a la mirada académica, constituyen otras fuentes documentales de gran valor para enriquecer el conocimiento de las transformaciones históricas contemporáneas.

Pero para que estas otras fuentes hablen, o mejor, para que seamos capaces de escuchar y leer lo que dicen sobre esos otros protagonistas, es imprescindible aprender a «descubrir lo latente detrás de lo aparente, lo visible a través de lo invisible», como propuso el historiador Marc Ferro a propósito de las relaciones entre Cine e Historia. Y este aprendizaje (en realidad, este des-aprendizaje) exige advertir que el problema no se reduce a la selección parcial de unas fuentes que alimenta un enfoque parcial del colectivo social. Al fin y al cabo, todos los enfoques son parciales. El problema radica en que esta visión se considera objetiva, como si estuviera exenta de cualquier subjetividad particular, y en la veracidad que se atribuye a esa forma de explicar las transformaciones históricas contemporáneas. De ahí la confusión entre la historia, entendida como lo que sucedió, y una forma particular de explicar lo que sucedió, a la que llamamos historia y que no es más que una versión entre otras posibles, la versión elaborada por los profesionales institucionalmente legitimados para explicar el pasado.

Porque de la validez que se atribuye a esa versión sobre las transformaciones históricas contemporáneas se deriva una imagen predefinida y fija de lo que se considera el contexto histórico, una especie de telón de fondo sobre el que se proyectan los distintos fenómenos sociales. Y no importa que los medios de comunicación de masas aporten datos que exigen revisar ese decorado. Ni siquiera, que esa explicación académica ya no goce de credibilidad porque ya no ayuda a diagnosticar los problemas del mundo actual y formular remedios para hacerlo más justo. Las pautas básicas que rigen las explicaciones académicas de la historia contemporánea están tan interiorizadas, tan asumidas como lo que ha sucedido, que resulta difícil modificarlas, aún cuando la propia experiencia y otras fuentes documentales ofrezcan la posibilidad de hacerlo.

Concluyamos, pues, todavía sólo como marco hipotético sobre el que seguir trabajando, que la visión que tenemos de la historia contemporánea, del contexto histórico en el que se sitúan los medios de comunicación, está mediatizada por otro medium de comunicación: por el discurso histórico académico. Que este medium propicia un enfoque y un tratamiento de la realidad que, lejos de la objetividad que se le atribuye, es parcial, realza unos aspectos y deja en la penumbra otros, entre los cuales están los medios de comunicación de masas y los protagonistas destacados por estos medios más masivos. Y que para poder comprender la construcción histórica de la sociedad de la información, hemos de ser capaces de visualizar aquello que resulta invisible a la mirada académica.

En esta tarea, los medios de comunicación de masas nos ofrecen una gran ayuda. Pero, para que seamos capaces de utilizarla, es imprescindible que los examinemos históricamente: que contrastemos lo que nos aportan sus textos con el contexto social en el que se han producido y. a    la inversa, que nos adentremos en una nueva visión del contexto siguiendo los rastros que encontramos en los textos informativos.

En las próximas páginas examinaremos las dificultades que plantea el estudio histórico de los textos periodísticos, los criterios utilizados para intentar resolverlos, y expondremos una propuesta metodológica concreta. Este paso nos parece imprescindible para poder utilizarlos  como fuente documental que nos permita formular otras versiones sobre  el proceso histórico de implantación de la sociedad de la información.