Prólogo, M. Carmen García-Nieto París

Para hacer grandes cosas es preciso ser tan
superior como lo es el hombre a la mujer,
el padre a los hijos y el amo a los esclavos.

ARISTÓTELES

En junio de 1983 coincidimos Amparo Moreno y yo en la Universidad Autónoma de Barcelona en Bellaterra con motivo del «Encontre de Treball sobre História de la Dona». Hacía varios años que no nos habíamos visto. Fue un «reencuentro», un poner en común ideas y proyectos como si nos hubiéramos visto el día anterior. Nuestras trayectorias personales habían evolucionado y, consecuencia de ello, nuestra postura ante la ciencia, y más en concreto ante la «Historia», que preferimos conceptualizar como «discurso histórico» comprensivo y explicativo del pasado.

Hubo entre nosotras intercambio de dudas, de planteamientos de provectos. Me pareció muy sugerente e importante el camino de ida y vuelta, iniciado por Amparo, desde la prensa y la comunicación de masas al discurso histórico y viceversa. El intercambio y la comunicación entre nosotras fue un estímulo a proseguir buceando en el campo teórico del conocimiento y en la práctica de la investigación histórica, para descubrir las causas que generan la ausencia y/o subordinación y/o marginación de las mujeres del ámbito científico, porque hoy como en tiempo de Aristóteles «para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el amo a los esclavos». En efecto, basta abrir los ojos y poner en tensión nuestras «antenas comprensivas» para darnos cuenta que nuestra sociedad está atravesada por el poder hegemónico de los hombres y de unos determinados hombres que conforman una mentalidad, es decir unas vivencias que articulan el comporta miento cotidiano de cada día.

En la conformación de esta mentalidad, el discurso histórico por una parte, al transmitir una memoria histórica, y el informativo por otra, al crear o intentar crear una opinión pública, son piezas clave. Por eso desentrañar su contenido y su fondo, es decir, la teoría que subyace a los mismos, los instrumentos que utilizan para dominar y persuadir, quiénes son los sujetos agentes y receptores de los mismos, es lo que nos puede desvelar las causas de la ausencia de las mujeres de ellos y darnos pautas para establecer una estrategia que transforme a realidad actual.

Amparo Moreno, desde su triple perspectiva como profesional de la historia, del periodismo y de la comunicación, realiza su reflexión que se ha plasmado en su Tesis Doctoral y en diversos trabajos, uno de los cuales es el que tienes entre las manos. La fuerza de esta reflexión radica en que nuestra autora la ha realizado desde la experiencia en su propia carne de que «para hacer grandes cosas es preciso ser tan superior corno lo es el hombre a la mujer». Es una experiencia dura, que produce dolor y sufrimiento, y que en un parto doloroso da a luz estas reflexiones que ayudan a desvelar el problema clave de los discursos histórico e informativo, al poner el dedo en la llaga y «levantar la liebre» ante algo que clama al cielo: el poder hegemónico del hombre.

Una explicación es la sexista * que pone «el acento, en las relaciones de hegemonía entre los sexos, en nuestra sociedad hegemonía del sexo masculino sobre el femenino..., lo masculino aparece como superior, y lo femenino como inferior, dependiente o in-significante» (A. Moreno). Pero limitarse a la utilización del término sexismo es simplificar el problema, y Amparo propone un nuevo concepto que amplía el análisis y la comprensión de la realidad social, y también las formas de conocimiento de la misma. Es el de androcentrismo que «hace referencia a la adopción de un punto de vista central, que se afirma hegemónicamente relegando a las márgenes de lo no-significativo o insignificante, de lo negado, cuanto se considera im-pertinente para valorar como superior la perspectiva obtenida» (A. Moreno). Nuestra autora da un paso más al decirnos que este punto de vista seria propio no de «cualquier ser humano del sexo masculino, sino de aquellos hombres que se sitúan en el centro hegemónico de la vida social, se autodefinen a si mismos como superiores y, para perpetuar su hegemonía, se imponen sobre otras y otros mujeres y hombres mediante la coerción y la persuasión/disuasión», Es «el hombre hecho» (ANER, -DROS) que ha asimilado unos valores propios de la virilidad, que impone su hegemonía y hace que se identifique como humano lo que es propio de un modelo particular caracterizado por su voluntad de hegemonía y superioridad respecto a otras mujeres y otros hombres.

Así entendido, el concepto androcentrismo nos permite: 1) indagar quién ha sido el sujeto histórico en cada sociedad concreta detentando su hegemonía; 2) analizar las relaciones de poder centradas no sólo en eI sexo, sino también en la edad, raza, clase, nacionalidad, etc.; 3) interrogarnos sobre el proceso de asimilación del modelo de comportamiento viril hegemónico no sólo por hombres sino por mujeres; 4) interrogarnos por las raíces m profundas del conocimiento científico, por la raíz entre hegemonía viril y las restantes y múltiples formas del ordenamiento hegemónico de nuestra vida social. En definitiva «por la relación entre práctica social y las elaboraciones teóricas e ideológicas que la legitiman y perpetúan».

Amparo Moreno no se queda en la reflexión teórica, sino que la lleva a la práctica, y lo hace, precisamente, en las páginas que vas a leer. En ellas aplica el concepto de androcentrismo al análisis del discurso histórico, que a través de los libros de BUP llega a nuestras muchachas y muchachos. A partir de unos libros de «historia» se transmite un pasado guerrero, dominador, explotador, competitivo y formado sólo por la mitad de la humanidad. Éstos son los elementos que la juventud tiene para explicarse el presente. No lo entienden no les gusta. Protestan. Se inhiben rechazando el pasado y el presente, con incapacidad de elaborar un proyecto de futuro. Y también muchas mujeres viven aplastadas, dominadas por los hombres, y no se atreven ni a hablar ni a actuar, o si lo hacen, muchas asumen valores y roles masculinos. Me atrevería a decir que, en gran medida, tanto el discurso histórico como el informativo generan una cultura una mentalidad masculinas que imponen un poder viril-hegemónico, un modelo humano hecho a su imagen y semejanza, y transmiten unos valores que reproducen un sistema cultural de generación en generación.

En efecto. Amparo con gran rigor metodológico y científico ha ido aplicando el método de lectura crítica no-androcéntrica a dos manuales de BUP. Esta lectura le ha permitido mostrar que el problema clave del discurso histórico es la utilización del «masculino» no sólo de una forma ambigua que oculta la verdadera concepción de lo humano, sino que conceptualiza lo humano a la medida de un «arquetipo viril» que es el «hombre hecho» adulto que domina a otras y otros, se constituye en centro hegemónico en torno al cual se van gestando las relaciones sociales; y de este modo se crea un sistema de valores dominantes que nuestra autora califica como sexista, adulto, racista y clasista, y que excluye o incluye a mujeres y hombres según formen o no parte del centro hegemónico del poder.

Esto le permite a Amparo analizar, en la última parte del trabajo las claves conceptuales, el orden textual y la cronología que construyen la realidad histórica androcéntrica plasmada en estos libros de BUP y en otros en «un relato genealógico-heroico de las batallas que se han tenido que librar ante lo inferior" para llevar a cabo una progresiva expansión territorial en aras de una imaginaria Civilización Universal». En resumen, la teoría y la técnica que nos propone Amparo nos muestran un discurso histórico sexista, de clase, racial, guerrero, conformador de una sociedad dual, competitiva, insolidaria, generadora de marginaciones. Un discurso histórico, o si queréis unos libros de «historia» que legitiman un orden social jerárquico que asimilamos en la familia, a través del sistema educativo y de los medios de comunicación, porque «el saber viril permite legitimar y perpetuar, está al servicio de esa tercera parte de la humanidad sobrealimentada a de las dos terceras partes de seres humanos que pueblan y pasan hambre».

Estas páginas de Amparo Moreno han puesto en tensión «mis antenas comprensivas» y mi deseo es que a cuantas/os las leáis os ocurra lo mismo. Una vez más quiero insistir en la aportación que hace a la reflexión científica y feminista al ofrecer un nuevo concepto, androcentrismo, clave para la comprensión no sólo de los discursos histórico e informativo, sino de las relaciones de poder/dominio que tejen y destejen las relaciones sociales. Categoría conceptual básica, también, para la elaboración de proyectos educativos y estrategias políticas capaces de generar una realidad social no jerárquica, pero sí fraterna y solidaria.

Gracias Amparo por tu trabajo gestado con dolor. Quiero y pienso que somos cada vez más las mujeres que hacemos objeto de batalla cultural y política nuestro quehacer académico y profesional, intentando romper las redes que tiende el Poder oficial dominado por el varón, y que sin escisiones ni dicotomías entre lo «vivido» y lo «pensado», lo «personal» y lo «colectivo» queremos contribuir a la construcción de un discurso histórico y/o informativo que repercuta en la modelación de una vida colectiva en la que «para hacer cosas» sea preciso ser simplemente humano, mujer y hombre.

 

MAR CARMEN GARCÍA-NIETO PARÍS

Madrid, febrero 1986

 

* Los entrecomillados son de Amparo Moreno.

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