Mª Rosa Rahola, señora de Maso Vázquez

Entrevista publicada en El Correo Catalán, nº 29747, 17-05-1973.

De estatura mediana, esbelta, delgada, aún no ha debido cumplir los cuarenta, pantalón y camisa negros y una media melena rubia, la nueva alcaldesa de Barcelona, María Rosa Rahola, señora de Masó Vázquez, nos abre la puerta de su casa con un gran paquete de cartas en las manos.

-Estos días no paramos. Perdone un momento -y las coloca sobre una mesa donde están perfectamente alineadas otros montones de cartas y telegramas.

Nos sentamos en un pequeño sofá en uno de los saloncitos. A mi izquierda, una chimenea que parece no haber sido utilizada nunca, los morillos bien relucientes, como a punto de promocionar cualquier limpiametales, y descansando sobre ellos cinco hermosas piñas remozadas de purpurina. Detrás, una librería que se extiende por el paño de pared de la chimenea: los altavoces, amplificadores y demás elementos de un buen tocadiscos, seguramente con magnetofón incluido, el teléfono (uno de tantos), algunos libros (tomos de novelas en piel de Stefan Zweig, Zane Grey, Cronin... "Historia de una monja"... el Pompeu Fabra... libros de orientación para el cuidado de los hijos...).

 La familia Masó Vázquez, el día de la Primera Comunión de un sobrino en mayo de 1970.

La familia Masó Vázquez, el día de la Primera Comunión
de un sobrino en mayo de 1970.

 Doña Rosa Rahola y sus dos hijas

-Somos una familia muy normal. No sé qué decirle. Somos tan normales que esto es quizás una de las cosas que a mí me da un poco de recelo, porque tengo miedo de no poder seguir siendo la misma. Creo que la familia es lo más importante.

Los dos saloncitos que se comunican están cuidadosamente de corados, discretamente repletos de pequeños detalles de esos que procuran hacer el ambiente más confortable. Algunas plantas, no muchas. En un jarrón, unos gladiolos de color salmón que deben llevar allí más de un día.

-Mi marido también es una persona muy familiar. Le encantan las criaturas. Tenemos dos niñas, Marta de nueve años y Diana, de seis. Los hago hacer de todo, inglés, piano y solfeo, francés, natación, ballet, juegan al tenis, esquían... ¿Si nos hubiera gustado tener más hijos? Claro, pero para eso teníamos que habernos casado más jóvenes, ¿no? En octubre hará once años y medio que estamos casados...

La señora Masó habla con naturalidad, de una forma espontánea.

- ¿Cómo es el señor Masó?

-Lo que yo le diga... no sé... es extraordinariamente humano, afable, cordial, tiene simpatía por arrobas, es siempre igual, siempre el mismo carácter. No es que yo exagere, es que es así de natural.

- A veces las esposas influyen en la manera de ser del hombre. ¿Usted ha influido en él?

-No. Tiene una personalidad acusadísima. Mire, hace dos años que está trabajando en Madrid y va y viene siempre que puede para estar con la familia. Pero yo no he conseguido nunca que se quedase. El trabajo y la familia son para él lo más importante. Es terriblemente familiar.

-Entonces, estará usted contenta de que ahora se tenga que quedar en Barcelona.

-Claro. Aquello era terrible.

- ¿Y por qué no se fueron a vivir a Madrid?

-Nosotros tenemos toda la familia en Barcelona. Tanto mis padres como los de mi esposo son mayores, ya ve, mi suegro estaba enfermo... Si nos hubiéramos trasladado a vivir a Madrid y yo hubiera tenido que venir en algún momento a cuidar de los padres, las nenas se hubieran tenido que quedar solas en Madrid. O sea, que son razones puramente familiares.

-Pero, ¿no preferiría, quizás, que sus hijas se educaran en Barcelona?

-En Madrid también hay buenos colegios. Los mismos que en Barcelona.

-Pero aquí pueden recibir una cultura catalana...

-Mire, las niñas catalanas son bilingües. Nosotros siempre hablamos en catalán en casa, pero he comprobado que las niñas, a los tres años, ya empiezan a traducir al castellano. Les dices, en catalán, dile a la chica que traiga tal cosa, y van y se lo dicen en castellano.

- ¿Esperaba que nombraran alcalde a su esposo?

- No. Bueno... oí rumores, como todo el mundo... pero no sé, me parece que él puede ser un buen alcalde, pero creo que es una cosa un poco difícil, los dolores de cabeza han de ser terribles. Complejo, esta es la palabra, debe ser complejo. Deben haber tantas cosas...

Hablamos de su familia, de los Rahola, de su apellido tan ligado a los avatares históricos de Cataluña.

- Cuando ellos eran políticos, sobre todo Pere Rahola, yo era muy pequeña. De Pere es del que más me acuerdo, pero de Carles no, murió cuando la guerra, he oído hablar de él. Pere murió después, pero no recuerdo en qué año.

- ¿Cree que el hecho de que usted pertenezca a la familia Rahola puede influir en la popularidad de su esposo, como alcalde?

- No creo que le pueda influir a mi marido esto. Creo que las personas valen por lo que valen ellas mismas, no por la familia, ¿no le parece? Ya veo que a usted no le parece nada, usted escucha y apunta.

- ¿Cuáles cree que son los problemas más importantes que tiene Barcelona en estos momentos?

-Muchos. Pero muchas de las cosas me parecen que ya están empezadas. Casi todo está empezado, lo digo desde el punto de vista de una ciudadana. Pero estoy segura de que saldrán más.

- ¿Cómo es la vida familiar del nuevo alcalde?

-Muy normal. Mi marido va a su trabajo, las niñas al colegio y yo salgo a hacer mis compras. Por la tarde me dedico completamente a las niñas y a sus diversas clases y los fines de semana procuramos estar todos juntos. En invierno vamos a la nieve y en verano a la Costa Brava, a Cadaqués o a la Maresme. Aparte, hacemos viajes y siempre que podemos llevamos a las niñas.

Le pido alguna fotografía familiar. La señora Masó va a buscar los álbums familiares al piso de arriba (es un ático duplex). Vuelve.

-Mi marido, últimamente, hace más películas que fotografías -las vamos repasando-. Fotografías familiares, de estas de fotógrafo, nosotros no nos hacemos. Será un poco difícil. Y mi marido casi no sale. Mire, con eso de que cree que no es fotogénico...

- ¿Es la primera entrevista que le hacen?

- Sí, la primera, como alcaldesa y como de todo. Ya se nota, ¿no?

- ¿Cómo se imagina a usted misma, de alcaldesa?

- Supongo que debe ser... no sé. Colaborar con el marido, pero eso lo he hecho siempre. Colaborar en todo tipo de cosas. Una debe saber recibir gente. Pero eso también lo he hecho siempre. Me imagino que en esto no notaré la diferencia. Me gusta enseñar la ciudad a la gente de fuera.

- ¿Cuáles son las aficiones de la nueva alcaldesa?

-Los idiomas. Ahora estoy estudiando ruso. Hablo inglés, francés, alemán, catalán y castellano. La música es también una de las cosas con que más disfruto, especialmente la ópera, la música moderna, no, en esto no soy nada moderna, Y los deportes. Todo lo que sean deportes de mar, natación, vela, en fin, todo. También me gusta bailar sardanas. Me gusta la música y por tanto me gusta la sardana que es nuestra música y bailarlas. El día de Navidad vamos toda la familia a bailar sardanas a la plaza de la Catedral, antes de comer. Lo tenemos como una cosa tradicional. Este año, incluso arrastramos a mi suegro para que viniera, aunque ya no se encontraba muy bien. Cuando más bailo es en el verano, en el Ampurdán.

- ¿Trabajaba usted antes de casarse?

- Hice el bachillerato y luego estudié idiomas. Después trabajé una temporada.

- ¿Qué hacía?

-Cosa de idiomas, en una empresa.

- ¿Intérprete?

-No... cómo se dice... llevaba la cosa de idiomas de una secretaría particular... traducía la correspondencia, eso.

Saco el paquete de cigarrillos y le ofrezco.

-No fumo "gens ni mica" - dice tajante.

- ¿Cree que la mujer casada debe trabajar?

-Cuando tiene hijos pequeños, no. Si lo hace, ha de ser una jornada corta para que cuando los niños vuelvan ella esté en casa. El trabajo más importante de la mujer casada es estar en casa a punto para cuando regresen los niños, estar por ellos.

La señora Masó ha de ir a buscar a una de las niñas a clase. Por el ascensor me comenta que la casa donde viven estaba muy bien, pero que "cuando las obras del Cinturón de Ronda sufrió, porque se llenaron los bajos de agua y barro y algo más..." En la puerta de la casa del nuevo alcalde de Barcelona, todavía no están los municipales de rigor. La señora Masó desaparece por la Avenida Carlos III en un 124 azul oscuro, conducido por un chofer.

 

La esposa y las hijas de don Enrique Masó, durante el verano de 1969, en S’Agaró.

Amparo MORENO