La difícil democracia

Publicado en Destino, nº 1958, abril de 1975

Después de más de un mes del desgraciado Pleno Municipal del no al catalán, nada se ha resuelto. A finales de la semana pasada el señor Masó se reunió a cenar, a hurtadillas, con los dieciocho de la oposición al sentir de la ciudad y se espera en breve una salida... simplemente, que el tiempo de la solución ya se ha pasado. Una salida que no haga quedar peor de lo que han quedado a nuestros munícipes.

Ante la cerrazón mental y política que ha puesto en evidencia la primera institución barcelonesa (al menos debiera serlo), al principio muchos ciudadanos conscientes se sorprendieron, se indignaron; otros, ni eso; y pasado el momento oportuno de la rectificación, la gente ya no espera casi nada de esta Casa Gran. Sólo que se transforme para que pueda recoger los problemas de la ciudad. Como bien ha recordado recientemente en una nota a la prensa Amics de la Ciutat, noventa y tres entidades diversas han pedido la dimisión de los dieciocho concejales y la modificación de la legislación que permite acceder a la cámara de representantes municipales a tan genuinos representantes. Son estas entidades a través de las cuales los ciudadanos van abriendo día a día cauces de participación democrática, estas otras asociaciones que se han ido configurando de acuerdo con la realidad en que vivimos a base de tiempo, esfuerzo y ganas.

Nuestra sociedad va trabajando así en el largo y difícil -camino de la democracia: asociaciones de vecinos, colegios profesionales y agrupaciones de la índole más diversa intentan responder a las exigencias de estos tiempos. Algunas con muchas dificultades. Este es el caso de dos entidades que han saltado a las páginas de los periódicos estos días: el Ateneo Barcelonés y el Colegio de Peritos Industriales de Cataluña.